
Sucede que anoche me pasó algo increíble, al oído y en medio de un polvo clandestino el sujeto en cuestión me dijo _me calientas_ eso era de esperarse, pero lo que vino después fue lo excepcional, siguió hablando y dijo –tú haces que se me pare y no siempre pasa eso- y ahí choque con toda la tradicional historia machista, y entre ahorcajada y ahorcajada, me preguntaba si el gil, al que me estaba tirando sería bien hombre o demasiado viejo para estos estertores.
Y allí seguía yo, preguntándome, quién diablos me había metido en esa locura. Sin embargo, no hice más que mirarlo para darme cuenta que estaba puro hueviando, su carita borracha, drogada, me inspiró ternura.
Lo ví como Nicolás Cage en Leaving in Las Vegas, tan borracho que no se daba cuenta que se estaba matando, risueño me decía que el día había sido un largo aperitivo, y a mi se me partía el alma, sabiendo que hace rato que veníamos tomando como condenados.
Entonces, me repetía arranca cabra, que soldado que arranca sirve para otra guerra, esta no la pasas dos veces. Porque encontrarse con un alcohólico en la vida es mala suerte, pero dos ya es karmático. Pero su infante postura me enlazaba contrastando con la vanidosa idea que tenía él mismo de su existencia.
Yo jugaba a hacer que le creía, lo groso, lo bacán, sabiendo en el fondo que era más huérfano que toda la Latinoamérica unida. Y que más encima ni el mismo cachaba lo que le pasaba.
De alguna forma parece que me voy a ir quedando, porque la costumbre de sacerdotisa no se me quita, si hay que apechugar apechugamos en todas, porque así somos las mujeres de mi patria.
Y eso que por fin había encontrado uno de mi gusto ( tirado para el lado de la cultura, poeta creo) pero otra vez voy a tener que cargar con él. Porque alcohólico culto o ignorante, sigue siendo lo mismo al fin y al cabo, igual un curao.
Pero, él es tan tiernecito, que como la mina de la película, me arriesgaría a quedarme un ratito al lado, aunque no se le pare mucho, total si lo único que yo quiero es que me hagan cariñito.